¿Hemos aprendido la lección del guano? ¿Invertimos en educación y CTI?

En el siglo XIX, el Perú vivió uno de los mayores auges económicos de su historia gracias a la exportación del guano de las islas. Durante varias décadas ingresaron enormes recursos al Estado y se enriquecieron grupos vinculados a esa actividad. Sin embargo, gran parte de esa riqueza no se transformó en educación masiva, desarrollo científico, industrialización ni fortalecimiento de las capacidades productivas del país. Cuando el ciclo del guano llegó a su fin, el Perú descubrió que la prosperidad había sido más aparente que real. La riqueza se había agotado, pero la pobreza y el atraso permanecían.

Más de un siglo después, surge una pregunta inevitable: ¿hemos aprendido la lección?

Desde inicios del siglo XXI, el Perú ha experimentado varios ciclos de crecimiento impulsados por los altos precios internacionales de los minerales. El cobre, el oro y otros recursos naturales han generado miles de millones de dólares en exportaciones, mayores ingresos fiscales y periodos de expansión económica. Los datos muestran una clara relación entre el aumento de los precios de los minerales y el crecimiento del Producto Bruto Interno.

Sin embargo, el crecimiento económico no debe confundirse con desarrollo.

A pesar de los sucesivos booms mineros, el Perú continúa registrando niveles de anemia infantil entre los más altos de América Latina. La inversión en ciencia, tecnología e innovación sigue siendo una de las más bajas de la región. El número de investigadores por habitante es reducido. La producción tecnológica propia es limitada y las exportaciones continúan concentradas principalmente en materias primas, con escaso valor agregado.

La diferencia es fundamental. El crecimiento económico mide cuánto aumenta la producción de bienes y servicios. El desarrollo, en cambio, mide cuánto aumenta la capacidad de una sociedad para generar bienestar de manera sostenible. Implica educación de calidad, salud, investigación científica, innovación tecnológica, instituciones sólidas y oportunidades para las futuras generaciones.

Los países que hoy lideran la economía mundial no construyeron su prosperidad únicamente sobre la explotación de recursos naturales. Construyeron universidades de excelencia, laboratorios de investigación, centros tecnológicos y empresas capaces de transformar conocimiento en riqueza. Exportan tecnología, software, equipos médicos, maquinaria avanzada y patentes. Su principal recurso no está bajo el suelo, sino en el talento de sus ciudadanos.

Por ello, la pregunta más importante para el Perú no es cuánto crecerá la economía cuando suba el precio del cobre. La verdadera pregunta es qué quedará cuando los precios internacionales bajen, cuando aparezcan nuevos competidores o cuando las tecnologías del futuro reduzcan la dependencia de determinados minerales.

La historia del guano nos dejó una enseñanza que no deberíamos olvidar: los recursos naturales pueden generar riqueza temporal, pero solo la inversión en capital humano, ciencia, tecnología e innovación genera prosperidad duradera.

Si la riqueza minera se utiliza para fortalecer la educación, la investigación, la innovación y la capacidad productiva nacional, los minerales pueden convertirse en una poderosa palanca de desarrollo. Pero si seguimos dependiendo principalmente de la extracción y exportación de recursos naturales, corremos el riesgo de repetir, con otros nombres y otros minerales, una historia que ya vivimos en tiempos del guano.

Los minerales pueden impulsar el crecimiento. El desarrollo sostenible, en cambio, se construye con conocimiento.

One comment

  1. Muy interesante articulo
    Gracias por compartir Dr Modesto Montoya.
    Falta usar bien los recursos economicos en Capital Humano «infraestritura humana»,Digital y fisica»
    La educación cambia a las personas que van a cambiar el Mundo.
    Cordial saludo cod 871 Ciencias UNI.Rogelio Oyola Gallegos – oyolagallegoslr@gmail.com

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