Reimpulsar a la UNI: una necesidad nacional

Desde 2022, la Universidad Nacional de Ingeniería ha dejado de incrementar su producción científica y, de manera paralela, ha descendido en los rankings internacionales. Recuperar la tendencia ascendente exige articular dos dimensiones que a menudo se presentan como opuestas, pero que en realidad son complementarias: los fines de la universidad y las aspiraciones de sus estudiantes.

El estudiante busca, al culminar su formación, acceder a oportunidades laborales y académicas en cualquier parte del mundo. Para ello necesita un currículo sólido, respaldado por publicaciones científicas y/o patentes, indicadores tangibles de capacidad profesional e innovación. Por su parte, la universidad tiene como misión generar conocimiento científico y tecnológico, un proceso que globalmente avanza de manera exponencial. Ese progreso se mide –entre otros factores– mediante publicaciones indizadas y patentes.

No hay contradicción, sino plena convergencia. Un egresado con producción científica o tecnológica será bien recibido en cualquier entorno competitivo; y una universidad que desarrolla investigación de calidad incrementa su visibilidad, prestigio y posición en los rankings.

Para reactivar esta dinámica virtuosa, la UNI debe incentivar con firmeza a sus docentes y estudiantes investigadores. La meritocracia no puede reducirse a diplomas o ceremonias simbólicas: debe incluir criterios claros que premien la productividad científica y la innovación. La investigación debe ser reconocida, evaluada y recompensada.

El Estado, a su vez, debe ampliar los fondos concursables orientados a prioridades nacionales, investigación aplicada y ciencia fundamental. Los problemas del país no se resolverán sin conocimiento; y el conocimiento no crece sin inversión sostenida.

Asimismo, las empresas que busquen competitividad pueden –como sucede en los países desarrollados– asociarse con la universidad para generar tecnología mediante investigación conjunta.

Universidades que operan con meritocracia invertida están destinadas al rezago. Estados que abandonan a sus centros de conocimiento comprometen su desarrollo socioeconómico y corren el riesgo de vivir de sus recursos naturales hasta que se agoten.

En este contexto, la UNI tiene la responsabilidad y la oportunidad de recuperar su crecimiento científico y tecnológico. Reimpulsarla no es solo un objetivo institucional: es una urgencia nacional.

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