Los conquistadores del siglo XXI

Basado en los testimonios de Andreas Baumgart y la Fundación Panguana.

Por lo que hoy ocurre en la selva peruana, cabe preguntarse: ¿quién ha hecho más daño al Perú? ¿Los colonos que llegaron hace quinientos años con la cruz y la espada, o los colonos modernos que hoy devastan los bosques amazónicos, contaminan los ríos y condenan a las comunidades selváticas a vivir entre los desechos del mercurio y la desesperanza?

Los conquistadores del siglo XVI arrasaron templos y lenguas, pero también —en medio de su violencia— surgieron conciencias como la de Bartolomé de las Casas, que denunció los abusos contra los pueblos originarios. Hoy, en cambio, casi nadie defiende con la misma fuerza moral a los pueblos amazónicos, condenados al silencio por un Estado que mira hacia otro lado.

A los indígenas que se atreven a defender sus territorios y los ríos que les dan vida, ya no los descuartizan en plazas públicas como a Túpac Amaru, pero los matan de otra forma: en la clandestinidad, en la selva profunda, lejos de las cámaras y de la justicia. Sus nombres no aparecen en los noticieros. Sus asesinos siguen impunes, amparados por el oro ilegal, la tala indiscriminada y la indiferencia nacional.

Mientras tanto, el Congreso elimina la Comisión de Pueblos Indígenas, como si el problema fuera su existencia y no la tragedia que enfrentan. El mensaje es claro: para la política limeña, los pueblos de la selva no cuentan. Ni sus bosques, ni sus aguas, ni sus muertos.

Los nuevos colonos —empresarios ilegales, mineros, madereros, traficantes de tierras— son más crueles que los antiguos. No vienen con armaduras, sino con motosierras, dragas y sobornos. Dicen buscar progreso, pero solo dejan destrucción. Y el Estado, más ciego que nunca, se ha vuelto cómplice por omisión. Ni siquiera hay un defensor con la estatura moral de un Bartolomé de las Casas que denuncie este genocidio silencioso.

Algún día —quizá no tan lejano— surgirá una resistencia desde la selva. Y cuando eso ocurra, los mismos que hoy callan serán los primeros en acusarlos de ‘terroristas’, como ya se hace contra los que rechazan actuales políticas gubernamentales, descalificadas por medios internacionales. Supongo que alguien dirá “La Selva no es el Perú”. En realidad, la Amazonía es el corazón del Perú. Y lo que se destruye allí, afecta a todos los peruanos.

One comment

  1. Estimado Modesto Montoya.La emoción tiene lógica.La obra de la creación no puede estar en manos de la «CPI».Los naturalistas y antropomorfistas convirtieron el «ambiente» en un tema.Los mercantilistas entienden que «ambiente» es susceptible de ser explotado.La CPI nunca capturaron la experiencia subjetiva de las comunidades campesinas y nativas, y,comunidades educativas.La inconmensurabilidad de la creación requiere que el tema ambiental sea un tema transversal.La biomasa se está perdiendo y la escala no puede ser una «CPI».

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