CADE 2025: lo de siempre…

La CADE Ejecutivos 2025 repitió lo que se escucha en todos los foros nacionales: el Perú no necesita más diagnósticos, necesita acción. Los males del país son los mismos de siempre —inseguridad, corrupción e instituciones débiles— y las soluciones siguen siendo promesas. Manuel Odría lo habría resumido con su lema de hace setenta años: “Hechos y no palabras”. En efecto, se ha dicho lo mismo durante medio siglo.

Se sugirió que los empresarios deberían involucrarse en política. ¿No son grandes empresas las que han financiado a partidos que hoy gobiernan desde el Congreso? Pregunto.

En el encuentro se habló de crecimiento económico, inversión privada, seguridad ciudadana y empleo de calidad. Pero surge una pregunta inevitable: ¿cómo generar empleo de calidad sin educación, ciencia y tecnología? Sin científicos, ingenieros y profesionales creativos, ninguna política pública o empresarial puede sostener un verdadero desarrollo productivo.

El Perú continúa destinando menos del 0.15 % del PBI a investigación y desarrollo, mientras nuestros vecinos invierten varias veces más. Las consecuencias están a la vista: universidades con escasa producción científica, pocas patentes y jóvenes talentosos que sueñan con emigrar porque sienten que su país no apuesta por ellos.

CADE 2025 pidió pasar del diagnóstico a la acción. Esa acción, sin embargo, debe empezar fortaleciendo la educación y la ciencia. Los resultados no serán inmediatos, pero si no se empieza hoy, nunca veremos la luz al final del túnel. No basta reclamar más inversión privada si las empresas no cuentan con talentos innovadores. No basta exigir seguridad si no aplicamos ciencia y tecnología para enfrentar la delincuencia, desde la gestión inteligente de datos hasta la vigilancia moderna.

Mientras Corea, Finlandia o incluso Chile avanzan hacia economías basadas en el conocimiento, el Perú sigue atrapado en el extractivismo. Tenemos universidades capaces de liderar la transformación tecnológica, pero carecen de recursos, incentivos y confianza política. La Universidad Nacional de Ingeniería, símbolo histórico de la ciencia y la tecnología del país, ha sido sumergida en la incertidumbre: sus egresados enfrentan trabas para el reconocimiento de sus títulos y su producción científica se ha visto frenada. Lo irónico es que el principal responsable postula a la presidencia y estuvo en la CADE, que hoy a pocos interesa.

¿Del diagnóstico a la acción? Empecemos por una acción concreta: apostar por el talento científico y tecnológico peruano. Dotemos a cada universidad pública de fondos permanentes para la investigación. Si las empresas quieren crecer, que inviertan también en innovación: no solo en comprar máquinas, sino en generar conocimiento. Solo así, los jóvenes que hoy sueñan con irse, soñarán con quedarse.

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