Hay quienes se oponen a la creación de un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el Perú argumentando que ya tenemos un Ministerio de Educación y la educación es pésima. Esta objeción, aparentemente sensata, proviene en realidad de una corriente tecnocrática impulsada por el Banco Mundial del siglo pasado, que promovía “centros de coordinación” y agencias de planificación en vez de ministerios con aparato político y poder real. Esa visión, heredada por técnicos formados en los organismos internacionales, privilegia la coordinación sobre el poder político.
Sin embargo, Philippe Aghion, Peter Howitt y Joel Mokyr ganaron el Premio Nobel de Economía 2025 porque sus investigaciones demuestran que el crecimiento sostenido de los países depende de instituciones con capacidad para fomentar la “destrucción creativa”: es decir, para impulsar la entrada de innovadores, reorganizar recursos y sostener una política de conocimiento con autoridad en el centro del Estado.
Aghion y Howitt sostienen que el progreso tecnológico no surge espontáneamente del mercado, sino de políticas públicas que recompensan la innovación y limitan el poder de los grupos establecidos. Mokyr, por su parte, muestra cómo las civilizaciones que lograron prosperar fueron aquellas que institucionalizaron la cultura del conocimiento en el corazón del poder político. Cuando el saber ocupa un lugar marginal, la sociedad se estanca.
En este marco, el problema del Perú no es tanto si el Ministerio de Ciencia será eficiente o no, sino si la ciencia tiene o no voz política en el Estado. Hoy, el CONCYTEC depende de la Presidencia del Consejo de Ministros, pero no participa en el Consejo de Ministros. No decide presupuestos, no puede alinear políticas de los ministerios ni intervenir en el diseño de estrategias nacionales. Es, en los hechos, un órgano técnico sin poder.
Esta debilidad se refleja en los síntomas: presupuestos ínfimos para la investigación, fuga de talentos, escasa innovación empresarial y universidades desconectadas del aparato productivo. La ciencia peruana sobrevive más por vocación que por política pública.
Los ganadores del Nobel de 2025 argumentarían que, sin rango político y presupuesto autónomo, una institución de ciencia no puede cumplir su función transformadora. El conocimiento necesita una plataforma de decisión, no un escritorio de asesoría. Los países que avanzaron —Corea del Sur, Finlandia, Israel, China— no lo hicieron porque sus ministerios fueran perfectos, sino porque el conocimiento se convirtió en política de Estado, con voz y voto en la definición del futuro nacional.
Negarse a crear un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación con poder real condena al Perú a seguir improvisando políticas de innovación desde la periferia del poder. Aghion, Howitt y Mokyr no defienden la burocracia: defienden la necesidad de darle poder al conocimiento.

CONCYTEC debería tener autonomía: Que sea independiente, lo que significa que:
El presidente es político y quien nombre depende de él.
Independiente o dependiente, los presupuestos se definen en el Consejo de Ministros.
Hola Modesto,
Paciencia con lo de Ministerio de Ciencia y Tecnología pues, creo que Perú se está volviendo multi-poder oye, en algún momento puede surgir la oportunidad.
Quién iba a saber que iban a nombrarte Ministro del Ambiente, uno de los Ministerios de poder más complejo, o sea el más nuevo, el más chico, el de poder más teórico y el más modernizante, e incluso pues tiene mucho más mérito que otros Ministerios. Ha sido un avance gigantesco para el Perú.
Aprovecho para preguntar si conoces a algún Concyteco para preguntar si tienen fondos para viaje, tengo reunión de Comité en Washington, DC y pues son deberes que hay que cumplir pues. Si sabe me avisas pues.
Feliz Navidad, Felices Fiestas y Próspero Año Nuevo 2026!
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