Destrucción creativa o destrucción social: efectos de pinochetismo y fujimorismo

En una entrevista publicada en el diario chileno “La Tercera” el 18 de octubre de 2025, Philippe Aghion, Premio Nobel de Economía 2025, explica la relación entre educación, innovación y desarrollo económico sostenido, enfatizando que la “destrucción creativa” requiere un sistema educativo apropiado. Además, Aghion analiza el caso de Chile; resulta oportuno compararlo con el del Perú.
Modelo educativo pinochetista
Aghion sostiene que la educación es el motor del crecimiento sostenido y que debe ser un sistema nacional, inclusivo y de alta calidad. Critica la fragmentación del sistema educativo chileno heredado del pinochetismo, donde la municipalización de la educación debilitó la igualdad educativa. Además, plantea que la educación debe combinarse con una política de “flex-security” (flexiseguridad laboral) y con competencia económica para lograr que la innovación sea socialmente aceptable. Casos de éxito como Corea y Finlandia demuestran que invertir en educación es apostar por el futuro.
Modelo educativo fujimorista
Durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990–2000), el Perú aplicó políticas similares al modelo neoliberal chileno. Se promovieron la privatización y la desregulación del sistema educativo, debilitando el papel rector del Estado. En la educación básica, se priorizó la construcción de aulas por encima de la formación docente. En la educación superior, la Ley de Promoción de la Inversión Privada en la Educación de 1996 permitió la proliferación de universidades privadas con escaso control de calidad.
El resultado fue un sistema educativo desigual, con instituciones orientadas más al lucro que al conocimiento. Como señala Aghion, el Perú no desarrolló un sistema educativo nacional de alta calidad, sino un mosaico fragmentado.
Consecuencias
La “destrucción creativa” requiere un Estado que promueva la innovación tecnológica y la reconversión laboral. En el Perú, el gasto en investigación y desarrollo (I+D) nunca superó el 0,15 % del PBI, mientras que Chile invierte alrededor de 0,35 %, y países como Corea y Finlandia invierten más del 4 %. Las universidades públicas fueron desfinanciadas y el país no desarrolló un sistema de formación continua. El resultado fue un crecimiento económico basado en materias primas, sin innovación endógena ni movilidad social.
Conclusión
En suma, el Perú sigue atrapado en un modelo de bajo nivel de conocimiento instaurado en los años 90. Fujimori copió lo peor del modelo chileno pinochetista, sin incorporar los correctivos que Chile implementó posteriormente. La falta de inversión en ciencia y tecnología explica que, mientras Chile se acerca a la categoría de país desarrollado, el Perú continúa exportando minerales sin innovación local. El Perú no ha logrado hacer socialmente aceptable la “destrucción creativa”, y ello se refleja en que millones de jóvenes carecen de educación superior de calidad y permanecen en la informalidad. Entre las consecuencias más graves de este estancamiento se cuentan la delincuencia y la corrupción.

En palabras de Aghion: “Chile tiene una economía vibrante, pero un sistema educativo pésimo». En el Perú, ni siquiera llegamos a tener un sistema educativo nacional. Sin ciencia, sin tecnología y sin docentes formados, la destrucción creativa se vuelve destrucción social. Mientras que en Chile ha creado el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, en Perú, el tema está fuera de la agenda.

La afirmación “Sin ciencia no hay futuro” sigue tan vigente hoy como el día en que fue pronunciada. El drama es que, debido a una educación mediocre, muchos dirigentes no logran comprender el alcance de dicha afirmación. Si no corregimos ese rumbo, el Perú podría resignarse a un futuro sin futuro.

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