¿Cuántos encarcelados requiere el «modelo Bukele»?

El descontento del sur andino, especialmente en Ayacucho, fue el combustible que permitió a Sendero Luminoso expandirse en los años ochenta. En aquel entonces, el Estado respondió con la fuerza militar, logrando vencer a la insurgencia, pero sin resolver sus causas profundas. Cuatro décadas después, la situación de exclusión y desesperanza en amplios sectores del país sigue intacta.

Las causas estructurales

El núcleo del descontento no ha cambiado: educación deficiente y falta de empleo. Los jóvenes no pueden transformar su talento en bienestar: la impotencia se acumula y se convierte en protesta. Joseph Schumpeter llamó a este proceso “destrucción creativa”, la capacidad de las economías de reinventarse generando innovación, empleo y progreso. En el Perú, esta dinámica está ausente. El talento no destruye lo viejo: emigra o se frustra.

La toma de Lima

Lima no ha sido tomada por los pueblos del Sur: ha sido el descontento de millones de jóvenes que sobreviven en la informalidad, sin seguridad ni esperanza. Sin embargo, no ha surgido un nuevo Sendero Luminoso: la represión inmediata y el rechazo social lo aniquilarían. Lo que sí ha surgido es algo más difuso y peligroso: una delincuencia metastásica, que ha infiltrado los barrios, las empresas, las instituciones y hasta el Congreso. Un Estado capturado por la impunidad

Desde el propio Congreso se promueven leyes que benefician a corruptos y delincuentes, debilitando las instituciones encargadas de fiscalizar y castigar el crimen. El resultado es un Estado sin legitimidad, donde los ciudadanos sienten que el poder público se ha vuelto un botín. Un reflejo de ello es la proliferación de partidos, la mayoría de los cuales son esperanza de empleo público. El desempleo y la inseguridad son ahora las dos caras del mismo fenómeno: la falta de un proyecto nacional de desarrollo basado en educación, ciencia y tecnología.

El modelo Bukele

El Salvador, bajo el gobierno de Nayib Bukele, ha reducido drásticamente la delincuencia mediante un régimen de excepción permanente. Pero el costo ha sido alto: derechos civiles debilitados y dependencia del miedo como forma de control político. La “bukelización” puede dar resultados rápidos, pero sin una base de desarrollo educativo y productivo, solo posterga el problema, el que regresará con más fuerza.

Modeo Corea del Sur

En contraste, Corea del Sur, devastada tras la guerra de 1950, apostó por una educación de calidad, por la ciencia y por la innovación industrial. Esa fue su auténtica “destrucción creativa”: reemplazar el atraso por el conocimiento. Hoy es una potencia tecnológica y socialmente cohesionada.

¿Qué camino seguirá el Perú?

El gobierno actual parece inclinarse por el modelo de la represión —por la “bukelización”— antes que por la transformación estructural. En vez de derogar las leyes que han aprobado, se reprime a los manifestantes que las rechazan. En vez de fortalecer la escuela y la universidad, gastar el presupuesto en actividades no productivas, pero no en investigación científica. La historia mundial enseña que los países que reprimen el descontento sin resolver sus causas terminan profundizando su crisis.

Debemos tomar en cuenta que el modelo Bukele ha llevado a 1.6 % de la población a la cárcel. Con ese porcentaje, Perú necesitaría encarcelar a medio millón de personas.

Conclusión

Es necesario atacar la delincuencia en todos los niveles, empezando por lo alto. Al mismo tiempo, invertir en educación, ciencia y tecnología. La verdadera seguridad surge de una sociedad con oportunidades, no de una con miedo. Solo cuando el Estado asuma la destrucción creativa como política —transformar la frustración en innovación, la pobreza en productividad y la juventud en futuro— dejaremos atrás el ciclo de violencia, informalidad y desconfianza.

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