Nadie inventa lo que no necesita

En el año 1992 le pregunté al célebre historiador y divulgador científico británico James Burke, autor de la serie Connections, “¿Por qué los incas no inventaron la rueda?” Burke me respondió con una frase breve y contundente: “Nadie inventa lo que no necesita.”

Restos arqueológicos en Mesoamérica muestran que la rueda no era un concepto desconocido en América precolombina: se han hallado juguetes con ruedas. Sin embargo, no se aplicó al transporte ni a la ingeniería civil andina. La pregunta, entonces, no es por qué no se conocía la rueda, sino por qué no se utilizaba.

El entorno determina la necesidad. El geógrafo Jared Diamond, en Guns, Germs, and Steel (1997), explica que el factor decisivo fue la ausencia de animales de tiro grandes en el continente. En los Andes, la llama podía cargar hasta 30 kilos, pero no arrastrar un carro. Sin caballos o bueyes, la rueda para transporte no era eficiente.

A ello se suma la geografía montañosa: los incas construyeron el Qhapaq Ñan, una red de caminos que atravesaba cordilleras y cañones. Carros con ruedas poco habrían aportado en caminos de escaleras de piedra, puentes colgantes o senderos en pendiente.

En el Tawantinsuyo se tenían caravanas de llamas para el transporte de carga, chasquis (correos a pie) que recorrían el imperio llevando mensajes con una rapidez sorprendente, sistemas de almacenamiento y redistribución de recursos. Estas alternativas funcionaban mejor que la rueda en los Andes.

Gordon R. Willey y Philip Phillips (1958) señalan que el desarrollo tecnológico no sigue un camino universal ni lineal. Cada sociedad innova en respuesta a sus necesidades concretas y a las posibilidades de su entorno natural y social.

Así, los incas destacaron en áreas donde sí había “necesidad”: la agricultura en terrazas, la domesticación de plantas, el control hidráulico, la arquitectura sismorresistente y los sistemas de comunicación como los quipus.

Gordon R. Willey y Philip Phillips (1958) señalan que el desarrollo tecnológico no sigue un camino universal ni lineal. Cada sociedad innova en respuesta a sus necesidades concretas y a las posibilidades de su entorno natural y social.

Así, los incas destacaron en áreas donde sí había “necesidad”: la agricultura en terrazas, la domesticación de plantas, el control hidráulico, la arquitectura sismorresistente y los sistemas de comunicación como los quipus.

La respuesta de Burke encuentra eco en la antropología y la historia de la ciencia: nadie inventa lo que no necesita. La ausencia de la rueda en el Tawantinsuyo no fue un déficit cultural, sino una consecuencia lógica de un entorno geográfico y biológico particular.

¿Dónde la rueda tiene ventaja?: en planicies no arenosas. ¿En el desierto del Sahara? No lo creo.

A propósito, ¿Dónde se inventó la rueda?
En Mesopotamia, ubicada entre los ríos Tigris y Éufrates, una región de planicies aluviales extensas.

Finalmente, una anécdota personal. En diciembre de 1960, debíamos ir desde el distrito de Salpo a Otuzco la capital de una provincia de La Libertad. Era para obtener mi certificado de estudios primarios. Mi abuelita Lastenia me preguntó

– ¿Quieres ir a pie o en ómnibus?
– En ómnibus, por supuesto – respondí.
– Entonces tienes que partir a las 7 am – me advirtió – Yo partiré después, iré a pie.

Partió el ómnibus e hizo innumerables zig zags. Cuando llegué a Otuzco, mi abuelita me esperaba impaciente.

– Has tardado demasiado, ojalá nos puedan atender, me dijo, preocupada.

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