De qué depende la seguridad nacional en Estados Unidos ¿Y en Perú?

Más cerebros, menos fusiles

En el mundo, los pensadores más lúcidos coinciden: los países que invierten en ciencia y educación son los que aseguran su futuro. Jeffrey Sachs ha repetido que Estados Unidos necesita más cerebros que soldados. Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, calculó que la guerra de Irak costó tres billones de dólares, y que esos recursos habrían transformado la educación y la investigación científica. Carl Sagan advirtió que las sociedades que privilegian armas sobre ciencia terminan debilitadas.

Incluso dentro del poder estadounidense, Vannevar Bush, asesor de Roosevelt, planteó en 1945 que la seguridad nacional no depende de ejércitos infinitos, sino de una frontera infinita: la ciencia. Barack Obama lo reiteró: “La prosperidad de América depende de cuán bien eduquemos a nuestros jóvenes en ciencia y tecnología”. Y Oppenheimer, después de dirigir el Proyecto Manhattan, concluyó que la verdadera seguridad estaba en la cooperación científica, no en las armas.

La historia demuestra que ningún país ha salido de la pobreza con fusiles, sino con conocimiento. Corea del Sur, Finlandia, Alemania, Japón: todos apostaron por la educación y la ciencia.

Estados Unidos destina cerca del 40 % del gasto militar mundial, impulsado por su poderoso complejo industrial-militar (SIPRI, 2024). Las consecuencias son evidentes: mientras privilegia las armas, ha ido perdiendo el liderazgo en sectores tecnológicos comerciales que antes dominaba, en tiempos en que su inversión en ciencia civil era mayor (Stiglitz, 2008; Mazzucato, 2013). Este declive se atenúa gracias a la llegada de talentos extranjeros, pues buena parte de los avances científicos y de innovación en Estados Unidos provienen de investigadores inmigrantes (National Science Foundation, 2023).

Para las dictaduras que dependen de las fuerzas militares y que les importa más el poder que el futuro de sus naciones, las prioridades no son las mismas.

En el Perú, el presupuesto destinado a las universidades públicas ha sido recortado por segundo año consecutivo (AUNAP, 2024-2025), debilitando la investigación, la docencia y el funcionamiento institucional. Muchos jóvenes científicos partirán al extranjero en busca de oportunidades donde la ciencia sí sea valorada.

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