La Asociación Nacional de Universidades Públicas del Perú (ANUPP) expresa su desacuerdo por la 2da reducción del presupuesto de universidades públicas. En el gobierno parece pensarse que gastar más en el Congreso y los sectores que sostienen el poder les es más rentable. Poco le importa la experiencia mundial.
En la historia contemporánea, los países que lograron salir de la pobreza lo hicieron apostando decididamente por la educación, incluso en medio de las más duras crisis económicas. Finlandia, tras la guerra; Corea del Sur, devastada en los años 50; Singapur, sin recursos naturales; e Irlanda, con una economía atrasada hasta mediados del siglo XX, son ejemplos claros: todos priorizaron la formación de su gente, entendiendo que la riqueza verdadera de una nación está en el talento y el conocimiento de sus ciudadanos.
El Perú, en cambio, parece ir en sentido contrario. El presupuesto público 2026 muestra una preocupante reducción para nuestras universidades nacionales. Esta decisión es no solo un error técnico, sino un retroceso estratégico para el futuro del país. Sin educación de calidad, no hay innovación; sin innovación, no hay competitividad; y sin competitividad, no hay desarrollo.
Aunque pareciera ingenuo, pedimos al Congreso de la República que corrija esta inexplicable reducción. No hacerlo significaría condenar a millones de jóvenes talentosos a un futuro sin oportunidades, perpetuando la dependencia del país de exportaciones primarias y trabajos de baja productividad.
La verdadera inversión pública no está en subsidios coyunturales ni en gastos de corto plazo, sino en el fortalecimiento de la educación superior pública, donde se forma el talento que transformará nuestra economía y sociedad.
La lección internacional es clara:
Corea del Sur pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a líder tecnológico en apenas dos generaciones gracias a su apuesta por la educación.
Finlandia, sin grandes recursos naturales, cimentó su prosperidad en la escuela pública de calidad.
Irlanda atrajo inversión y se convirtió en un polo de innovación porque garantizó una universidad gratuita y competitiva.
Invertir en educación no es un gasto. Es la única vía para que el Perú deje atrás la pobreza y se inserte con dignidad en el siglo XXI. Muchos piensan que de nada servirán los reclamos. Ni siquiera parece que al gobierno y al Congreso les importa la condena de la Historia. Pero, no podemos quedarnos callados.
