El futuro de un país depende en gran medida de la calidad de su educación y de que los mejores talentos asuman roles de liderazgo en la sociedad. Una de las preguntas que surgen en el debate educativo es: ¿cómo asegurar que quienes ingresan a la universidad sean los que tienen mayor potencial?
Una propuesta es la aplicación de un examen universal de ingreso a la universidad, administrado por el Ministerio de Educación, en el que todos los escolares del país rindan la misma prueba. Los resultados determinarían quiénes acceden a una vacante universitaria.
El modelo tendría la siguiente estructura:
80 % aptitud: entendida como la capacidad para aprender cosas nuevas y el gusto por hacerlo, es decir, el potencial para desarrollarse en la universidad y más allá.
20 % conocimiento: que evalúe lo aprendido en la escuela.
Ejemplos internacionales
Corea del Sur: el Suneung es un examen nacional estandarizado que define el ingreso a las universidades. Este sistema ha impulsado una de las tasas más altas de rendimiento académico en el mundo, aunque también ha generado una gran presión en los estudiantes.
China: el Gaokao es quizá el examen más competitivo del planeta. Millones de jóvenes lo rinden cada año y su puntaje determina a qué universidad pueden acceder. Ha abierto oportunidades para estudiantes de zonas rurales, pero también ha sido criticado por su dureza.
Francia: el Baccalauréat (Bac) es el examen nacional que culmina la secundaria y da acceso a la universidad. Quienes lo aprueban tienen derecho automático a ingresar a la educación superior, aunque las universidades más selectivas aplican filtros adicionales.
Estados Unidos: no existe un examen único nacional, pero pruebas como el SAT y el ACT cumplen una función similar. Las universidades las consideran junto con otros factores (ensayos, entrevistas, calificaciones).
Posibles resultados de aplicar este modelo en el Perú
Ventajas: igualdad de condiciones para todos los postulantes, meritocracia, transparencia en el acceso, estímulo a que los colegios se concentren en formar capacidades más que en memorizar.
Desafíos: diseñar un examen que realmente mida principalmente aptitudes y motivaciones.
En este modelo no hay riesgo de centralismo, porque todos los estudiantes —sin importar la región o el colegio donde estudiaron— tendrían la misma oportunidad de demostrar su capacidad de aprender.
