Diferencias que indignan: Presidenta (S/. 35 000). Docente universitario jubilado (S/. 900).

En los últimos días, ha causado revuelo la noticia de que el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, gana más que su homóloga peruana, Dina Boluarte. A primera vista, esto podría parecer un signo de privilegio excesivo del mandatario uruguayo. Sin embargo, la pregunta importante no es solo cuánto gana el presidente, sino qué tan justo es ese ingreso dentro de su contexto nacional. Y para eso, vale la pena mirar hacia abajo en la escala del poder: ¿Cómo viven los docentes universitarios en ambos países? ¿Cuál es el trato que se les da a quienes forman a los profesionales que sostienen el desarrollo nacional?

Veamos cifras: el presidente de Uruguay gana cerca de 13 mil dólares al mes, mientras que la presidenta del Perú recibe poco más de 10 mil dólares. Sí, la diferencia existe. Pero lo que realmente marca la distancia entre ambos países es lo que gana un profesor universitario sin cargo administrativo. En Uruguay, el mejor remunerado puede recibir hasta 4 400 dólares mensuales; en Perú, ese mismo perfil apenas supera los 2 400 dólares. Es decir, el docente universitario en Uruguay gana casi el doble que su par peruano.

Y cuando llega la hora del retiro, la brecha se amplía aún más. En Uruguay, un profesor universitario con 40 años de trabajo puede jubilarse con una pensión cercana a los 2 000 a 2 600 dólares mensuales, según su régimen. En Perú, en cambio, la mayoría de profesores universitarios afiliados al sistema público de pensiones (ONP) reciben una pensión de apenas entre S/ 600 y S/ 893, es decir, menos de 250 dólares al mes. Aunque hayan aportado durante 30 o 40 años, no reciben más. No hay pensiones especiales ni escalas diferenciadas para reconocer su nivel académico o su responsabilidad formativa.

Esto nos lleva a una conclusión incómoda: no es escandaloso que el presidente de Uruguay gane más que el de Perú; lo escandaloso es que los profesores universitarios del Perú ganen tan poco y se jubilen con aún menos. El foco de la indignación no debería estar solo en la cabeza del Ejecutivo, sino en la base de la pirámide: los educadores que sostienen la calidad del conocimiento en un país.

Si queremos justicia salarial y verdadero desarrollo, el debate no debe detenerse en la comparación entre presidentes, sino en cómo cada país trata a sus científicos, investigadores y educadores. Porque allí está la clave de su futuro. Y mientras Perú siga ignorando a quienes siembran conocimiento, el país seguirá cosechando desigualdad.

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