A lo largo de la historia reciente, gobiernos de diversas ideologías —de derecha o izquierda, capitalistas o comunistas— han intentado con buena voluntad sacar a sus pueblos de la pobreza. Sin embargo, muchos han fracasado. El denominador común en estos fracasos no ha sido la ideología, sino la falta de una apuesta decidida y sostenida por la ciencia, la tecnología y la innovación.
Por ejemplo, América Latina ha sido escenario de numerosos experimentos políticos. Desde el neoliberalismo aplicado en los años 90 en países como Perú, hasta gobiernos progresistas en el siglo XXI como los de Bolivia o Venezuela, ninguno ha logrado consolidar un desarrollo sostenible comparable al de los países que priorizaron el conocimiento científico. El economista argentino Aldo Ferrer señalaba que la dependencia tecnológica era uno de los principales factores que frenaban el desarrollo de América Latina [1].
Contrario a lo que muchos creen y pregonan, Bolivia, Venezuela y Perú tienen el mismo modelo: «primario exportador». En el Perú, más de 65% de lo exportado corresponde a la minería, la que por ahora es necesaria para sobrevivir. En los tres países, las castas gobernantes están compuestas de profesionales alejadas de la ciencia y la tecnología, mayormente de abogados y militares o relacionados.
En contraste, países como Corea del Sur y Singapur apostaron por la ciencia y tecnología como pilares de sus políticas públicas, más allá de dogmas ideológicos. Corea del Sur, que en la década de 1960 tenía un PBI per cápita similar al de Ghana, implementó una estrategia estatal de largo plazo centrada en la educación científica y la industrialización tecnológica. Hoy es una potencia en sectores como semiconductores, biotecnología y robótica [2].
Incluso dentro de sistemas comunistas, como el caso de China, el cambio hacia una economía basada en la innovación científica fue clave para su despegue. Desde las reformas de Deng Xiaoping, y especialmente a partir del siglo XXI, China ha multiplicado sus inversiones en ciencia, universidades de élite, y tecnología militar y civil. Según la UNESCO, ya es uno de los principales productores mundiales de publicaciones científicas y solicitudes de patentes [3]. En China los tres últimos presidentes han sido relacionados con la ciencia y la tecnología.
Por el contrario, países que han mantenido estructuras de gobierno con énfasis en la redistribución sin fortalecer simultáneamente su base científico-tecnológica han tendido a quedar estancados o incluso han retrocedido. El caso de Venezuela, a pesar de su riqueza petrolera, es un ejemplo claro: no diversificó su economía ni creó una base científica nacional sólida.
El Banco Mundial y la OCDE coinciden en que la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI) es un factor determinante en el crecimiento económico sostenido, el aumento de la productividad y la mejora de los servicios públicos [4].
No se trata solo de tener científicos, sino de integrar el conocimiento en la planificación nacional. Finlandia, por ejemplo, transformó su economía apostando por un modelo educativo centrado en el pensamiento crítico y la investigación. Israel, en medio de tensiones geopolíticas, se convirtió en la “nación startup” gracias a su sistema de innovación bien conectado entre universidad, Estado y empresa [5].
En resumen, la evidencia empírica muestra que los países que realmente despegaron no fueron los que más discutieron ideologías, sino los que convirtieron la ciencia y tecnología en políticas de Estado. En cambio, aquellos que la relegaron al discurso o la consideraron un lujo prescindible condenaron a su gente a vivir en la pobreza, sin importar sus buenas intenciones.
Referencias
[1] Senor, Dan, and Singer, Saul. Start-Up Nation: The Story of Israel’s Economic Miracle. Twelve, 2009.
[2] Ferrer, Aldo. La economía argentina. Fondo de Cultura Económica, 2004.
[3] World Bank (2018). The Korean Miracle (1962–1980) Revisited: Myths and Realities in Strategy and Development.
[4] UNESCO Science Report 2021.
[5] OECD (2015). The Innovation Imperative: Contributing to Productivity, Growth and Well-Being.
