El cargo no hace al líder. El compromiso con el pueblo lo revela mucho antes
La conversación que lo dice todo
Un paisano me pidió apoyo para su candidatura a la alcaldía de nuestro pueblo. Le hice una pregunta directa:
—¿Qué has hecho por el pueblo?
—Nada aún, porque no he tenido la oportunidad —respondió.
—¿Qué oportunidad?
—La de ser alcalde —contestó con naturalidad.
Este breve intercambio revela una verdad preocupante: muchos aspirantes a cargos públicos confunden la oportunidad de servir con la oportunidad de ocupar un puesto. Pero quien verdaderamente quiere servir, empieza mucho antes de ser elegido.
¿Qué hicieron cuando sí tuvieron poder?
Muchos candidatos ya han tenido su «oportunidad»: han sido funcionarios públicos y han invertido los recursos del Estado en obras o actividades, cuyos impactos son conocidos. Por ejemplo, entre muchos otros:
- ¿Tenía sentido comprar aviones de guerra mientras según el INEI el 43% de los niños menores de años sufre de anemia y las escuelas colapsan?
- ¿Era prioritario construir una piscina en una universidad donde los servicios básicos son deficientes y la residencia universitaria no es suficiente amplia para los estudiantes que viajan cinco horas al día?
- ¿Por qué no se ha invertido para impulsar el desarrollo científico y tecnológico?
Aprender del éxito de otros
No es una utopía apostar por la ciencia y la tecnología. Existen ejemplos contundentes:
- Corea del Sur, devastada tras la guerra, invirtió en educación y hoy es líder mundial en innovación (OCDE).
- Singapur, sin recursos naturales, convirtió el talento humano en su mayor capital (Lee Kuan Yew Institute).
- Uruguay, con políticas consistentes en salud y tecnología, ha dado saltos cualitativos en bienestar social.
Evaluar a los candidatos no es un ejercicio trivial. Es, quizá, uno de los actos ciudadanos más importantes. No deberíamos votar por aquellos que no pronuncian la palabra ciencia porque «Sin Ciencia no hay Futuro»
