Interacción político-cultural: Callao, Aprismo, ciencia, y Perú profundo.

Durante una reciente entrevista en www.cienciaperu.tv, Alfonso López Chau, ex rector de la Universidad Nacional de Ingeniería, reaccionó con agresividad verbal y gestual ante preguntas formuladas con respeto y claridad. En lugar de responder con serenidad y argumentos, elevó el tono, interrumpió de forma reiterada e intentó desestabilizar el espacio de diálogo. Fue una escena inesperada, no solo por la intensidad de su reacción, sino por el contexto: no era un debate, sino una entrevista para esclarecer hechos relacionados con su pública historia política y gestión al frente de la UNI.

¿Por qué alguien con sus aspiraciones presidenciales reacciona de ese modo? ¿Fue un desliz emocional o la expresión de algo más estructural? Tal vez debamos mirar su entorno, su formación y los códigos que lo moldearon.

López Chau es chalaco. Y eso importa.

El Callao no es solo un territorio: es una matriz cultural construida en la defensa del orgullo propio, frente al desprecio histórico del centralismo limeño. En sus barrios, el respeto se gana con carácter fuerte, con voz alta, con presencia. Quien no responde es débil; quien se calla, cede. Este patrón de conducta, válido en ciertos contextos de defensa personal o barrial, puede convertirse en un obstáculo cuando se traslada al mundo académico, donde se espera deliberación, no confrontación.

A ello se suma su conocido paso por el Partido Aprista Peruano. El APRA no solo fue una organización política de masas, sino también una escuela de combate retórico. En sus “escuelas de formación” —como lo documenta Julio Cotler en Clases, Estado y Nación en el Perú— se entrenaba a los jóvenes militantes para intervenir en debates no con el propósito de argumentar, sino de desacreditar al contrincante, rebatir su legitimidad y ganar el espacio emocional del auditorio. La prioridad no era el contenido, sino la capacidad de imponer presencia y reducir al adversario.

Jorge Basadre, por su parte, en Historia de la República del Perú, describe cómo el discurso político aprista muchas veces se tornaba dogmático y excluyente, y cómo la figura del adversario era tratada con dureza verbal, especialmente en contextos universitarios. La palabra se convertía en arma, no en herramienta de esclarecimiento.

La reacción de López Chau, entonces, no fue improvisada. Fue probablemente la expresión de un repertorio aprendido: el del chalaco que no se deja y el del aprista que no debate, sino que refuta.

Pero hay más.

En esta entrevista, el autor de esta nota —científico, docente universitario, de origen andino— cumplía el rol de entrevistador. Y en un país como el Perú, donde las jerarquías simbólicas siguen operando, la voz andina que pregunta puede incomodar más que la pregunta misma. En nuestra historia republicana, el saber que viene del Perú profundo ha sido subestimado, a veces invisibilizado. Incluso en la academia, el racismo se expresa no con insultos explícitos, sino con gestos, tonos y actitudes.

¿Fue eso lo que ocurrió en la entrevista? ¿Una combinación de reflejos defensivos, de códigos barriales, de cultura política beligerante y de prejuicio simbólico? Es muy probable. Y ese es el verdadero problema.

No se trata de condenar, sino de comprender, es rol del científico. Porque si no comprendemos de dónde vienen estas reacciones, no podremos transformarlas. La universidad es un espacio de conocimiento, no de rivalidad. La ciencia avanza con preguntas, no con gritos. Y la democracia se fortalece cuando aprendemos a escuchar, no cuando buscamos imponernos.

Una entrevista no es un ring. Es una oportunidad para explicar, para rendir cuentas, para construir confianza. Cuando alguien responde con agresividad, pierde más que la compostura: pierde autoridad. Y cuando quien escucha mantiene la calma, no es por debilidad, sino por respeto al espíritu de la verdad.

Si queremos que nuestras instituciones académicas estén a la altura del Perú que soñamos, necesitamos menos egos y más ideas. Menos historia repetida, y más futuro pensado en conjunto.

One comment

  1. De acuerdo con el texto, López Chau perdió credibilidad en esa entrevista, por lo menos de mi parte. Tendría que pensarlo 3 veces antes de votar por él. Ojalá reflexione y mantenga la cordura en lo sucesivo. Saludos desde Nasca, Ica.

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