2026-2031: ¿una continuidad inevitable?

Por Modesto Montoya

La ciencia observa hechos, identifica patrones y proyecta tendencias. Aplicado ese razonamiento al Perú, resulta difícil esperar que el quinquenio 2026-2031 sea muy distinto de los anteriores. Cambian los nombres, los discursos y las alianzas, pero persisten los mecanismos mediante los cuales el dinero y el poder condicionan la política.

Durante décadas hemos presenciado compras de voluntades, transfuguismo, financiamiento opaco y utilización del Estado para favorecer proyectos electorales. Los vladivideos mostraron de manera explícita hasta dónde podía llegar la compra de congresistas. La OCDE, por su parte, ha advertido sobre la necesidad de fortalecer los controles del financiamiento político, el lobby, los conflictos de interés y la corrupción administrativa.

En ese sistema, la vanidad de personas sin convicciones firmes puede ser utilizada para convertirlas en ejecutoras de intereses ajenos. Un cargo, una candidatura, una fotografía o unos minutos de notoriedad pueden ser suficientes para ponerlas al servicio de quienes poseen dinero, medios de comunicación o influencia institucional.

También hemos visto autoridades que convierten inauguraciones, viajes, publicidad y programas públicos en instrumentos de promoción personal pagados por los contribuyentes. Del mismo modo, bancadas supuestamente enfrentadas ideológicamente coinciden cuando deben aprobar normas relacionadas con el control de las instituciones, la minería informal o la actuación de jueces y fiscales.

La Constitución establece que los recursos naturales pertenecen a la nación. Sin embargo, las decisiones sobre su aprovechamiento suelen tomarse lejos de la ciudadanía. Los beneficios se concentran, mientras las consecuencias ambientales y sociales recaen sobre las comunidades y las futuras generaciones.

No puede asegurarse que todas las decisiones del nuevo Congreso favorecerán a quienes controlan esos recursos. Pero cabe preguntarse qué razones existen para esperar un cambio si permanecen la debilidad de los partidos, la falta de transparencia y la enorme desigualdad entre la influencia de una empresa y la de un ciudadano común.

Al deterioro político se suma la inseguridad. En 2025, la tasa de denuncias por extorsión llegó a 82,4 por cada 100 000 habitantes, más de cinco veces la registrada en 2019. La Defensoría del Pueblo ha advertido que el cambio de ministros o jefes policiales no basta cuando permanecen intactas las estructuras que permiten la expansión del crimen organizado.

Mientras los grandes intereses obtienen normas, permisos o excepciones, el ciudadano común queda expuesto al extorsionador y al delincuente cotidiano. Se instala así una percepción devastadora: la ley es severa con quien carece de poder y flexible con quien puede influir en su elaboración.

Cuando una sociedad pierde la esperanza, los primeros en buscar una salida son quienes tienen mayores conocimientos y posibilidades. Más de 3,4 millones de peruanos emigraron entre 1990 y 2023. Entre ellos había profesionales, científicos y técnicos. En 2024, una encuesta señaló que el 76 % de los jóvenes de 18 a 25 años pensaba emigrar en busca de un futuro mejor.

El país invierte en formar personas que luego entregan su creatividad y conocimientos a otras sociedades. Se van muchos de los más preparados; permanecen quienes deciden resistir, quienes se adaptan al sistema y quienes carecen de medios para marcharse.

Si las instituciones y los incentivos no cambian, la hipótesis más razonable es la continuidad: presión de los grupos económicos, alianzas parlamentarias basadas en intereses, uso electoral del Estado, crecimiento de la inseguridad y emigración del talento.

Pero ninguna tendencia histórica es inevitable. Tal vez el mayor triunfo del sistema sea convencer a la población de que nada puede cambiar. El desvío tendrá que ser construido por una ciudadanía que exija transparencia, rendición de cuentas, independencia de la justicia, inversión en ciencia y educación, protección del talento y participación efectiva en las decisiones sobre los recursos nacionales.

La ciencia sirve para reconocer tendencias, pero también para encontrar el punto en el que una trayectoria puede modificarse.

El Perú avanza por una pendiente conocida. Sin embargo, incluso una corriente poderosa puede ser desviada cuando una sociedad comprende su curso y construye colectivamente otro cauce. Entonces, lo que hoy parece inevitable podría desembocar en un valle de esperanzas.

3 comments

  1. De acuerdo Modesto fué un mensaje con más sombras que luces. Y grandes ausencias como salud, educación, ciencia y tecnología. Tambien se olvidó de la descentralización, del ande y la amazonía. Y no pidió perdón al sur.

  2. Si la masa y energía modifican el espacio y el tiempo. Análogamente, si no hay colectivos de mucha masa (cohesión) y mucha energía(conocimiento) continuará lo mismo. Entonces el reto es el cómo y eso se llama liderazgo.

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