Por Modesto Montoya
Soctor de Estado, especialidad en fisión nuclear, con experiencia en la Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas.
La Universidad Nacional Mayor de San Marcos ha iniciado en 2026 la formación de estudiantes en Ingeniería Nuclear. Al mismo tiempo, se anuncia que la Universidad Nacional de Ingeniería evalúa crear una carrera semejante. La pregunta que corresponde formular no es cuál universidad debe ofrecerla primero, sino si el Perú necesita dos carreras de pregrado con ese nombre, qué profesionales pretende formar y cuál será el mercado laboral de sus egresados.
Antes de tomar una decisión, es necesario precisar qué se entiende por ingeniería nuclear, energía nuclear y aplicaciones nucleares, expresiones relacionadas, pero que no significan exactamente lo mismo.
¿Qué es un ingeniero nuclear?
En su sentido profesional más característico, el ingeniero nuclear es el especialista encargado de diseñar, construir, operar, mantener, controlar y retirar de servicio instalaciones en las que se producen o emplean procesos nucleares, particularmente reactores nucleares.
Su formación comprende materias como física de reactores, transporte de neutrones, termohidráulica, materiales sometidos a radiación, instrumentación y control, seguridad nuclear, ciclo del combustible, gestión de residuos radiactivos y protección radiológica.
El Organismo Internacional de Energía Atómica señala que la formación de un ingeniero nuclear puede combinar la educación académica formal con la capacitación especializada proporcionada por la industria y por las instalaciones nucleares. Esto muestra que no basta con enseñar algunos cursos sobre radiactividad: se necesita una formación integrada y vinculada con las competencias reales que demanda el sector nuclear.
Por ello, el concepto de ingeniero nuclear está histórica y profesionalmente asociado principalmente con los reactores nucleares y sus sistemas tecnológicos. Estos pueden ser reactores de potencia para producir electricidad, reactores de investigación, instalaciones para producir radioisótopos u otros sistemas relacionados con el ciclo del combustible nuclear.
Sin embargo, algunas universidades emplean actualmente una definición más amplia, que incluye prácticamente toda aplicación tecnológica de las radiaciones. Esta ampliación puede ser administrativamente conveniente, pero también puede generar confusión entre la ingeniería de reactores y el uso especializado de técnicas nucleares en otros campos.
Aplicar técnicas nucleares no convierte necesariamente a alguien en ingeniero nuclear
Las aplicaciones nucleares son, por naturaleza, multidisciplinarias. Un profesional puede utilizar radiaciones, radioisótopos, detectores o técnicas de análisis nuclear sin que por ello deje de pertenecer a su profesión de origen.
Un médico puede especializarse en medicina nuclear. Un físico puede trabajar en dosimetría, instrumentación o física médica. Un químico puede realizar análisis por activación neutrónica o estudiar radioquímica. Un biólogo puede emplear trazadores isotópicos para investigar procesos celulares o ambientales. Un ingeniero mecánico puede diseñar componentes de una instalación nuclear; un ingeniero electrónico, construir sistemas de detección y control; un ingeniero químico, intervenir en procesos del ciclo del combustible; y un ingeniero civil, calcular estructuras de protección y confinamiento.
También pueden aplicarse técnicas nucleares en agricultura, minería, hidrología, industria, conservación de alimentos, estudios ambientales, arqueología y seguridad. En todos estos casos, lo nuclear constituye una herramienta adicional incorporada a una profesión previamente establecida.
No se necesita crear una nueva carrera de pregrado para cada técnica avanzada que aparece. Los ingenieros electrónicos aplican inteligencia artificial sin convertirse necesariamente en “ingenieros de inteligencia artificial”. Los médicos utilizan resonancia magnética sin dejar de ser médicos. Los químicos emplean espectrometría sin necesitar una carrera independiente para cada método instrumental.
La idea fundamental debería ser: primero se forma sólidamente al profesional y luego se le especializa en las técnicas que requiere su campo de trabajo.
Una especialización abierta a diversas profesiones
Por esta razón, una maestría o programa de especialización en ingeniería y tecnologías nucleares puede resultar más apropiado que una nueva carrera de pregrado, especialmente en un país con un mercado nuclear reducido.
Una maestría bien diseñada podría admitir, según la especialidad escogida, a profesionales de ingeniería mecánica, eléctrica, electrónica, química, civil, de materiales, ambiental, industrial, de sistemas e ingeniería física. También podrían ingresar físicos, químicos, biólogos, médicos y otros profesionales que cuenten con la formación científica necesaria.
Naturalmente, no todos deberían llevar exactamente el mismo itinerario. El programa tendría que establecer cursos de nivelación y menciones diferenciadas. Quien se oriente a ingeniería de reactores necesitará una base intensa en física, matemáticas, mecánica de fluidos y transferencia de calor. Quien se dedique a radioquímica requerirá una preparación distinta. Un médico interesado en medicina nuclear seguirá una trayectoria diferente a la de un ingeniero encargado de sistemas de control.
La propia UNI cuenta con una Maestría en Energía Nuclear que declara abordar los fundamentos de la física nuclear, la ingeniería de reactores y la gestión del ciclo del combustible. Esa experiencia podría fortalecerse y convertirse en una plataforma interdisciplinaria al servicio de profesionales procedentes de diversas áreas.
La UNMSM también ofrece una maestría en Física con mención en Física Nuclear dirigida no solamente a físicos, sino a profesionales de áreas afines, entre ellas ciencias de materiales, ingeniería electrónica, ingeniería eléctrica, ingeniería informática, química, matemáticas y otras disciplinas con formación suficiente en física y matemáticas.
Estos ejemplos muestran que el posgrado permite integrar distintas profesiones sin debilitar la formación básica que cada una necesita.
Energía nuclear no es sinónimo de radiación
También debe aclararse el significado de energía nuclear. La energía nuclear es la energía liberada por transformaciones del núcleo atómico, principalmente mediante fisión o fusión. El OIEA la define como una forma de energía liberada desde el núcleo de los átomos.
Por tanto, una carrera o maestría denominada “Energía Nuclear” debería tener un componente central relacionado con la producción, conversión y aprovechamiento de esa energía. Esto supone estudiar reactores, generación de calor, producción de electricidad, termodinámica, transferencia de calor, combustibles, materiales y seguridad.
La radiactividad, en cambio, es el proceso espontáneo mediante el cual ciertos núcleos inestables se transforman y emiten radiación. La radiación ionizante comprende partículas o fotones capaces de ionizar la materia. Ambas tienen numerosas aplicaciones, pero no toda aplicación de la radiactividad tiene como finalidad producir energía.
Una gammagrafía industrial, una terapia con radioisótopos, una medición de humedad de suelos o un análisis por activación neutrónica son aplicaciones nucleares, pero no son necesariamente aplicaciones de energía nuclear.
Usar indistintamente las expresiones “energía nuclear”, “radiación”, “radiactividad” e “ingeniería nuclear” puede llevar a planes de estudio incoherentes y a expectativas laborales equivocadas.
El nombre no reemplaza al plan de estudios
Más importante que el nombre de una carrera es su contenido. Una universidad puede denominar un programa “Ingeniería Nuclear”, pero si su plan de estudios se concentra en aplicaciones generales de las radiaciones y contiene poca formación sobre reactores, termohidráulica, materiales, seguridad y sistemas nucleares, sus egresados no tendrán el perfil que internacionalmente suele esperarse de un ingeniero nuclear.
También podría ocurrir lo contrario: un programa llamado Ingeniería Física, Ingeniería Mecánica o Ingeniería de la Energía podría ofrecer una especialización rigurosa en tecnología de reactores y formar profesionales plenamente capacitados para trabajar en el sector nuclear.
La carrera de Ingeniería Nuclear anunciada por San Marcos contempla cinco años de formación y una etapa de especialización nuclear desde el sexto ciclo. La universidad ha señalado que utilizará laboratorios propios y del Instituto Peruano de Energía Nuclear. Corresponderá examinar detalladamente su malla curricular, el número de docentes especializados, las prácticas en instalaciones reales y las oportunidades laborales previstas para sus egresados.
Si la UNI plantea crear otra carrera, debería publicar previamente un estudio técnico que responda, por lo menos, las siguientes preguntas: ¿cuántos ingenieros nucleares necesitará el Perú durante las próximas décadas?, ¿en qué instituciones trabajarán?, ¿qué funciones desempeñarán?, ¿qué infraestructura se utilizará para formarlos?, ¿qué profesores especializados estarán disponibles?, ¿en qué se diferenciará el programa de la UNI del ofrecido por San Marcos?, ¿y cuántos egresados podrá absorber anualmente el mercado?
El mercado debe orientar la decisión
El Perú cuenta con un reactor de investigación, instalaciones de producción de radioisótopos, centros médicos, empresas que utilizan fuentes radiactivas y organismos encargados de la regulación y protección radiológica. Sin embargo, no posee centrales nucleares de potencia ni un programa aprobado para construirlas.
En esas condiciones, el número de puestos que requieren específicamente un título de ingeniero nuclear es limitado. En cambio, existe una demanda más diversa de médicos, físicos médicos, ingenieros electrónicos, químicos, mecánicos, especialistas en materiales, profesionales ambientales y expertos en protección radiológica que puedan incorporar técnicas nucleares a sus respectivas actividades.
Crear carreras sin calcular la demanda puede producir egresados con títulos muy especializados, pero con pocas oportunidades para ejercer aquello para lo cual fueron formados. Una universidad pública tiene la responsabilidad de considerar no solamente el atractivo del nombre de una carrera, sino también la empleabilidad y las necesidades nacionales.
Una alternativa para la UNI
La UNI no debería entrar en una competencia nominal con San Marcos. Podría aprovechar mejor sus fortalezas mediante una estrategia gradual:
Primero, fortalecer la formación nuclear dentro de Ingeniería Física y de otras carreras existentes. Segundo, ofrecer menciones o especializaciones en reactores, instrumentación, materiales, simulación y seguridad nuclear. Tercero, renovar y ampliar la Maestría en Energía Nuclear, permitiendo la participación de ingenieros, físicos, químicos, biólogos, médicos y otros profesionales, con cursos de nivelación y trayectorias diferenciadas. Finalmente, evaluar la creación de una carrera independiente solo cuando exista una demanda comprobada.
Si en el futuro el Perú decide incorporar centrales nucleares, reactores modulares, nuevas instalaciones de producción de radioisótopos o grandes proyectos tecnológicos, entonces será necesario formar un número mayor de ingenieros nucleares. En ese escenario, la UNI podría tener un papel fundamental.
Conclusión
La discusión no debe reducirse a decidir qué universidad tendrá una carrera llamada Ingeniería Nuclear. Debemos precisar qué profesionales necesita el Perú y para qué actividades.
El ingeniero nuclear está principalmente asociado con el diseño, construcción, operación, mantenimiento y seguridad de reactores e instalaciones nucleares. Las aplicaciones de las radiaciones y los radioisótopos, en cambio, pueden ser realizadas por médicos, físicos, químicos, biólogos y profesionales de prácticamente todas las ramas de la ingeniería, después de recibir la especialización correspondiente.
Primero debe adquirirse una formación profesional sólida. Después pueden incorporarse técnicas nucleares, digitales, espaciales, ambientales o de cualquier otra naturaleza.
El término energía nuclear se refiere a energía producida por transformaciones del núcleo atómico; no es sinónimo de radiación ni de radiactividad. Esta diferencia conceptual debe reflejarse en los planes de estudio.
Finalmente, sin importar el nombre otorgado al programa, lo decisivo será la calidad y pertinencia de su plan curricular, la experiencia de sus profesores, el acceso a instalaciones especializadas y, sobre todo, su correspondencia con el mercado laboral y con un verdadero programa nacional de desarrollo nuclear.
Las universidades no deberían crear carreras para competir entre ellas, sino para responder a las necesidades presentes y futuras del país.

Oportuno esclarecimiento por el Doctor Montoya, reconocido físico nuclear. En el país, ya es costumbre la imrpovisación o estar acorde a la moda. Todo parece que la actual situación, se inicia con la aprobación por el actual Congreso desacreditado por el consenso de la opinión pública y especializada: la aprobación de una ley para generación nuceloeléctrica, con iniciativa del ex-Presidente del IPEN (recientemente destituido, por haber formado un negocio familiar para hacer la competencia al mismo IPEN; se supone que la Contraloría estará ejerciendo sus funciones (?)) y auspiciado por el ingeniero minero y ex-ministro en el MINEM quien está promoviendo los generadores nucleares modulares (SMR). Estas iniciativas sin tener un Plan de desarrollo energético sostenible a LP, y considerando que el país se tiene un potencial técnico subutilizado de: hidroelectricidad solo se usa el 8%, eólico 1%, solar del 0.01%, geotérmico 0% de todo el potencial; resulta extraño que surgan estas propuestas, cuando no se tiene ningún ingeniero nuclear y menos alguno especializado en nucleoelectricidad en el país en una tecnología tan compleja y de alto riesgo operativo. Y la Academia, reflejando lo mismo: improvisando escuelas profesionales sin tener profesores especializados en las diferentes actividades de la ingeniería nuclear y sobretodo en el caso de la nucleoelectricidad (formación de un bachiller en cinco años, y la experiencia como ingeniero nuclear unos 5-10 años más, pero sería en el extranjero); asi como técnicos y tecnólogos especializados para operar, mantener y la seguridad de la operación de la planta de generación nucleoeléctrica: ya lo hemos explicado en presentaciones sobre el tema; se necesitarían para una SMR de 300MW unos 100 especialistas (ingenieros y técnicos). En concreto: «se está comprando el vehículo sin tener al piloto preparado»; en otras palabras, «vamos a formar recién los ingenieros, pero ya estamos comprando los SMR». Entonces, todo esto parece que ya «huele mal». No es cierto?