Durante décadas, gran parte del debate político en América Latina ha girado alrededor de etiquetas ideológicas: izquierda, derecha, liberalismo, socialismo, conservadurismo o progresismo. Sin embargo, la experiencia internacional muestra que, más allá de los nombres de los partidos, existen factores mucho más decisivos para el desarrollo de un país. Uno de ellos es el perfil de quienes conducen el Estado y las prioridades reales que establecen para el futuro nacional.
China ofrece un caso particularmente revelador.
Desde las reformas impulsadas por Deng Xiaoping, una gran parte de los más altos dirigentes chinos tuvo formación en ingeniería, física, energía, hidráulica, química u otras disciplinas técnicas. Jiang Zemin fue ingeniero eléctrico. Hu Jintao estudió ingeniería hidráulica. Xi Jinping tuvo formación en ingeniería química. Gobernadores, ministros y responsables de sectores estratégicos como energía, infraestructura, telecomunicaciones o espacio provienen frecuentemente de carreras STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas).
Durante varios años, distintos análisis mostraban que entre el 60 % y el 80 % de la élite dirigente china tenía formación científica o ingenieril.
No es un detalle menor.
El tipo de formación de quienes toman decisiones influye profundamente en las prioridades nacionales. Un dirigente formado en ingeniería suele pensar en sistemas, planificación, infraestructura, energía, producción, optimización y largo plazo. Tiende a valorar la capacidad industrial, la investigación científica, la educación matemática y la autonomía tecnológica.
China entendió eso hace décadas.
Mientras gran parte del mundo discutía ideologías, China construía trenes de alta velocidad, centrales eléctricas, industrias de semiconductores, programas espaciales, inteligencia artificial, redes 5G, supercomputadoras y universidades tecnológicas. Hoy lidera áreas clave como manufactura avanzada, baterías eléctricas, telecomunicaciones y energías renovables.
La lección es clara: las grandes potencias no dejan la ciencia y la tecnología en segundo plano.
¿Y qué ocurrió en el Perú?
Durante décadas, la política peruana estuvo dominada principalmente por enfrentamientos ideológicos, conflictos coyunturales y disputas de poder de corto plazo. La ciencia y la tecnología rara vez ocuparon un lugar prioritario en la agenda nacional. Los científicos e ingenieros casi no participaron en los niveles más altos de decisión del Estado.
Los resultados están a la vista.
Seguimos dependiendo principalmente de la exportación de materias primas. Tenemos escasa producción tecnológica propia, bajo número de patentes, limitada inversión en investigación y una persistente fuga de talentos. Miles de jóvenes peruanos con capacidad científica terminan buscando oportunidades en el extranjero porque el país no logra incorporarlos plenamente a un proyecto nacional de desarrollo.
Mientras otras naciones compiten por inteligencia artificial, semiconductores, energía avanzada, industria espacial o biotecnología, el Perú continúa atrapado muchas veces en debates políticos que cambian de nombre, pero no transforman la estructura productiva nacional.
Y aquí surge una pregunta incómoda pero necesaria:
¿Cuántos candidatos presidenciales en el Perú han colocado realmente a la ciencia y la tecnología como eje central de su propuesta de gobierno?
¿Cuántos han planteado convertir al Perú en una potencia científica regional?
¿Cuántos han hablado seriamente de elevar la inversión en investigación, fortalecer laboratorios, impulsar industrias tecnológicas, desarrollar energía avanzada o incorporar científicos e ingenieros en los más altos niveles del Estado?
Muy pocos.
En la mayoría de campañas electorales, la ciencia y la tecnología apenas aparecen como temas secundarios o decorativos. Se habla mucho de confrontación política, pero muy poco de cómo construir capacidad científica nacional.
Aquí aparece un tema fundamental: la igualdad de oportunidades.
Las sociedades que progresan son aquellas capaces de identificar talento en todos los sectores sociales. China expandió masivamente la educación científica y técnica. Estados Unidos atrajo científicos de todo el mundo. Francia construyó sistemas para captar talento deportivo y académico en toda su población.
El talento no nace solamente en los sectores privilegiados. Puede surgir en cualquier pueblo andino, amazónico o urbano popular. Pero si el Estado no crea condiciones para detectarlo, educarlo y desarrollarlo, el país termina desperdiciando una enorme parte de su capacidad humana.
La verdadera competencia entre naciones no es solamente económica o militar. Es también una competencia por atraer, formar y aprovechar talento.
El Perú necesita avanzar hacia una visión donde la ciencia, la ingeniería, la educación y la innovación ocupen un lugar central en el proyecto nacional. No se trata de reemplazar la política por tecnocracia, ni de creer que los ingenieros resolverán todos los problemas sociales. Se trata de entender que en el siglo XXI ninguna nación alcanzará desarrollo sostenido sin conocimiento, investigación y capacidad tecnológica propia.
Las ideologías pasan. El desarrollo científico y tecnológico permanece.

El Dr. Montoya ha tocado un tema crucial para el desarrollo económico sostenido de cualquier país. El factor determinante es: el llamado capital humano capacitado en CTi. Poniendo como referencia actual e ilustrativa: la competencia entre los EEUU y la China, donde este último según informe del Instituto Australiano de Política Estratégica (ASPI) clasifica a China como líder global en la amplia mayoría de las tecnologías críticas (66 de 74 en la última medición). La explicación está en que la China tiene un Estado de Ingenieros, mientras que en los EEUU se tiene una sociedad y Estado dominado por abogados, ver https://nextbigideaclub.com/magazine/engineers-vs-lawyers-new-lens-u-s-china-relations-bookbite/56797/?srsltid=AfmBOopYGA7sRvsTd5yos8zVAi2XKxF12Zyb8JY8t5avjmDyf2lxsY9d
Además, el sistema de gobierno de Trump está en dirección contraria a su lema MAGA que, por el contrario estaría acelerando el declive del imperio norteamericano: una mala referencia para los países, principalmente a los emergentes y en desarrollo, ver https://www.csd-institute.org/Publish/Superpotencia%20sin%20equipo%20de%20gobierno%20cualificado.pdf
Dr. Jaime E. Luyo