Me sorprendió que, en un grupo de conversación virtual entre científicos e ingenieros, se repitiera —con humor negro— la tesis de que la corrupción peruana debe estar en algún gen exótico del cromosoma 18. La verdad es que, si existe un “gen fundador” de la corrupción en América Latina, este no es biológico, sino cultural, con profundas raíces imperiales.
Un ejemplo basta. En 1519, Carlos V fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico porque ofreció más dinero que sus rivales a los príncipes electores. Era la democracia aristocrática en su versión más sincera.
Banqueros como los Fugger financiaron la operación. La corrupción no era una desviación del sistema: era el mecanismo normal de acceso al poder. Así se administraron también las colonias en América. Los cargos se compraban para luego recuperar la inversión.
De ese modo se fue formando la llamada “viveza criolla”, respetando una tradición quinientista. Somos, en buena medida, herederos disciplinados de una larga escuela histórica.
La corrupción peruana no está en los genes del peruano, sino en un ADN institucional importado, probado durante siglos: salvo honrosas excepciones, el poder sin control, los cargos como botín y la justicia al servicio del ganador se han convertido en tradición.
Lo verdaderamente trágico es que, cinco siglos después, todavía haya quienes crean que se trata de un rasgo biológico y no de una decisión política sostenida en el tiempo.
Como consecuencia de ello, cerca de las tres cuartas partes de la población peruana vive en pobreza multidimensional: sin agua potable, sin atención médica adecuada, sin educación seria, muriendo en la miseria física. Mientras tanto, los herederos de esos “genes culturales” exhiben obscenamente, sin vergüenza, sus signos exteriores de riqueza mal y abusivamente obtenida del Estado, es decir, de la pobreza de la mayoría.
La esperanza es la educación. Tomará tiempo, pero si seguimos callando y tapando anticuchos, estos terminarán pudriéndose junto con el futuro del Perú.
Los genes no cambian por nuestra voluntad;
las instituciones, sí.

La corrupción no es estigma peruano, depende mucho de los media controlados por las familias más adineradas del planeta y en cada país; sin embargo de tiempo en tiempo se filtran algunos datos como, el caso del actual presidente de EE.UU. que haciendo uso de su poder en el último año aumentó su riqueza en US$3,000 millones, cometiendo incluso fraude. https://www.forbes.com/sites/danalexander/2025/09/09/presidency-boosts-trumps-net-worth-by-3-billion-in-a-year/