Anécdotas del semillero científico Ceprecyt.

Un niño alumno del semillero científico Ceprecyt formaba parte de un grupo de invitados a visitar un submarino. Empezó a usar un software instalado en una laptop. Un oficial asombrado le preguntó ¿Cómo lo haces? Recién nos van a capacitar a nosotros como hacerlo.

Hoy, ese niño tiene una empresa de inteligencia artificial en el extranjero. Le hubiera gustado trabajar en la UNI. Pero hace 6 años no hay concurso para nombramientos. La UNI está cerrada para los talentos. Para disuadirlos, sólo le ofrecen contratos temporales.

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