Con frecuencia se afirma que muchos estudiantes que ingresan a la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) poseen una sólida formación en matemáticas y ciencias, pero presentan limitaciones en las llamadas habilidades blandas: comunicación, liderazgo, trabajo en equipo, negociación o capacidad para desenvolverse en entornos sociales diversos.
Esta observación suele interpretarse erróneamente como una deficiencia permanente. Sin embargo, una mirada más profunda permite llegar a una conclusión diferente. La mayoría de los estudiantes de la UNI ha superado uno de los exámenes de admisión más exigentes del país. Ello demuestra una alta capacidad de aprendizaje, disciplina y perseverancia. Muchos provienen además de familias de recursos limitados, de provincias o de entornos donde las oportunidades para desarrollar habilidades comunicativas han sido escasas. No se trata de una falta de capacidad, sino de una falta de oportunidades.
La experiencia histórica muestra que las habilidades sociales y comunicativas pueden aprenderse. Grandes científicos, ingenieros e investigadores fueron inicialmente personas reservadas o poco comunicativas. Con el tiempo, al comprender la importancia de transmitir sus ideas, aprendieron a hacerlo con éxito. La comunicación, el liderazgo y el trabajo en equipo no son dones reservados para unos pocos; son competencias que pueden desarrollarse mediante la práctica y la formación adecuada.
La inteligencia desempeña aquí un papel importante. Una persona que ha demostrado una gran capacidad para aprender conceptos complejos de matemáticas, física o ingeniería suele tener también la capacidad de aprender nuevas formas de interacción social cuando comprende que estas son necesarias para alcanzar sus objetivos profesionales y personales. Lo que se requiere es motivación, orientación y espacios para ejercitarlas.
Por ello, la universidad no debería limitarse a formar excelentes profesionales desde el punto de vista técnico. Debe asumir también la responsabilidad de fortalecer las competencias humanas que exige el mundo actual. Cursos y talleres de comunicación efectiva, liderazgo, emprendimiento, trabajo en equipo, resolución de conflictos, negociación, gestión de proyectos y divulgación científica podrían incorporarse de manera sistemática a la formación universitaria.
La necesidad es aún mayor en una época en que los ingenieros y científicos deben interactuar con empresarios, autoridades, comunidades, inversionistas y medios de comunicación. Un profesional puede tener una gran idea tecnológica, pero si no logra comunicarla, difícilmente conseguirá que se convierta en innovación, empresa o política pública.
La UNI posee una enorme riqueza humana. Cada año ingresan jóvenes talentosos provenientes de todos los rincones del país. Muchos son la primera generación universitaria de sus familias. Su capacidad intelectual ya ha sido demostrada al superar un proceso de selección altamente competitivo. Lo que corresponde ahora es brindarles las herramientas complementarias que les permitan desplegar todo su potencial.
Las habilidades blandas no deben verse como un requisito previo para el éxito universitario, sino como una competencia que puede desarrollarse durante la formación profesional. Si la UNI incorpora de manera decidida cursos y talleres orientados a fortalecerlas, estará contribuyendo a formar no solo excelentes ingenieros y científicos, sino también líderes capaces de impulsar el desarrollo tecnológico, económico y social del Perú.
