¡Viva el petróleo, carajo!

Donald Trump descolocó a quienes siguen defendiendo modelos rígidos basados en ideologías. Sus declaraciones y decisiones terminaron confirmando lo que algunos de sus antecesores ya habían dicho sin rodeos y en frases que se volvieron virales: “Estados Unidos no tiene amigos, tiene intereses” o “Será un bastardo, pero es nuestro bastardo”.

La política de Trump es brutalmente simple. Invirtió sumas colosales en la industria militar, en plena resonancia con la célebre frase de Mao Zedong que, actualizada al siglo XXI, podría leerse así: “el poder ya no nace del fusil, sino del misil”.

El interés central de Estados Unidos hoy es el control del petróleo, un recurso estratégico que Venezuela había comenzado a vender a países competidores, entre ellos China, que se ha consolidado como una potencia tecnológica y comercial ganando mercados en todo el mundo.

Para Trump resulta secundario el tipo de gobierno de un país, siempre que este “haga lo correcto”. En ese punto coincide plenamente con Deng Xiaoping y su famosa sentencia: “No importa si el gato es negro o blanco; lo importante es que cace ratones”. En el lenguaje geopolítico actual, “hacer lo correcto” significa controlar el mercado del petróleo.

En la práctica, la nueva decisión de Trump implica el levantamiento del bloqueo que él mismo impuso en 2019, una medida que contribuyó decisivamente al colapso económico de Venezuela. Ese bloqueo forzó al país a buscar otros compradores de su crudo, entre ellos China, el gran competidor estratégico de Estados Unidos. El resultado fue exactamente el contrario al buscado.

Lo único que cambia en esta historia es el discurso, lo que hoy algunos llaman “narrativa libertaria”. Pero el fondo sigue siendo el mismo: poder, recursos y control de mercados.

Parafraseando, con ironía, a un admirador de Trump, podríamos resumirlo todo así:
¡Viva el petróleo, carajo!

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