Solo con oro y cobre no hay futuro ¿Qué falta?

“Todo el oro y cobre del Perú no generará verdadera prosperidad sin mejoras institucionales”, advirtió el premio Nobel de Economía 2025, James Robinson (El Comercio, 27 de octubre de 2025).

Es claro: las instituciones actuales no dan la talla. Las entidades encargadas de promover la ciencia y la tecnología son débiles. No existe una autoridad política que articule educación, ciencia, tecnología e innovación. Sobrevivimos exportando minerales y alimentos con poca incorporación de conocimiento. Invertimos apenas 0.12 % del PBI en investigación y desarrollo, una de las tasas más bajas de América Latina.
Mientras tanto, los políticos están en otras cosas. El par de científicos que tenemos en el Congreso practica el mismo tipo de política que los demás: la que atrae prensa, pero no impulsa la ciencia ni la tecnología.

En el Perú, la ciencia y la tecnología dependen de préstamos internacionales. En 2017 se obtuvo del Banco Mundial un financiamiento de 45 millones de dólares y, en 2022, se añadió otro de 100 millones de dólares.

El Banco Mundial, en su informe de 2022, identifica la debilidad institucional del CONCYTEC como el principal obstáculo estructural para el desarrollo científico y tecnológico del país. El organismo no cuenta con reconocimiento político suficiente de su autoridad transversal ni con los medios para coordinar eficazmente las políticas de innovación.

Robinson menciona a Corea del Sur, Finlandia e Israel como ejemplos de países con instituciones que colocan la ciencia en el corazón del Estado. En el Perú, en cambio, persiste la fragmentación de la ciencia entre ministerios, y el CONCYTEC —adscrito a la PCM— carece de voz y voto en el Consejo de Ministros, donde se deciden los presupuestos nacionales.

Según las ideas de Robinson y de los también premios Nobel de Economía 2025, Philippe Aghion y Peter Howitt, la única forma de salir del círculo de la dependencia es crear instituciones que incentiven la innovación, sustituyendo la renta fácil de los recursos por el valor generado por el conocimiento.

En 2022, el Ejecutivo presentó al Congreso el proyecto de ley para crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Fue archivado y luego retirado.

Sin institucionalidad científica y tecnológica. Con todo su oro y cobre, el futuro del Perú es incierto.

2 comments

  1. Muy cierto, también hay que incorporar en los planes la sabiduría ancestral de nuestros pueblos producto de miles de años de experiencia. Pero con este congreso que quiere eliminar hasta el ministerio del ambiente, no se puede hacer nada . Determinsnte también será al servicio de quien debe estar esa ciencia e investigación

  2. Es cierto: la advertencia de James Robinson resume una verdad incómoda. El Perú no carece de recursos naturales, sino de instituciones capaces de transformar esos recursos en conocimiento y bienestar sostenible.
    Durante décadas, la economía peruana ha dependido de la exportación de materias primas, lo que ha generado ingresos, pero no desarrollo estructural. La escasa inversión en investigación (apenas 0.12 % del PBI) es reflejo de un Estado que no entiende aún que la ciencia y la tecnología no son un gasto, sino la base de la soberanía y la competitividad.

    Mientras países como Corea del Sur o Finlandia apostaron por ministerios sólidos de ciencia y educación articulados con la industria, el Perú sigue operando con una estructura fragmentada. El CONCYTEC, sin autonomía ni poder político real, no puede liderar una política nacional de innovación.
    La consecuencia es evidente: seguimos dependiendo de préstamos internacionales para financiar proyectos de I+D que deberían ser parte del presupuesto regular del Estado.

    Sin embargo, la situación no es irreversible. Lo que se requiere no es solo más dinero, sino una reforma institucional profunda, que:

    Cree un Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación con rango ministerial y capacidad de decisión presupuestal.

    Establezca incentivos fiscales para empresas que inviertan en innovación.

    Conecte la universidad, la industria y el Estado mediante redes de innovación regionales.

    Garantice carreras científicas dignas y la repatriación de talentos.

    Promueva una cultura científica desde la escuela.

    En resumen, la prosperidad del Perú no está en su subsuelo, sino en su capital humano. El oro y el cobre pueden agotarse; el conocimiento, en cambio, se multiplica cuanto más se comparte. Si no fortalecemos nuestras instituciones científicas, seguiremos vendiendo recursos y comprando tecnología; pero si lo hacemos, podremos transformar nuestros minerales en innovación, y nuestra dependencia en desarrollo.

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