La vacancia que sincera el trienio virtual de gobierno

La vacancia de Dina Boluarte por parte del Congreso, con un respaldo abrumador de 122 votos de 130, no fue un acto fortuito: fue el desenlace de una relación simétrica entre el Legislativo y la Presidencia, cimentada en privilegios, complicidades y concesiones. El País+3ElHuffPost+3Comunicaciones+3

Durante más de dos años, el Congreso operó de hecho como un poder dominante. Aprobaba leyes sin remisión al escrutinio ciudadano, otorgaba blindajes y velaba por prerrogativas parlamentarias. La presidenta las promulgaba si mayor reparo. Cuando el rechazo popular estalló —sobre todo entre la juventud—, el Legislativo decidió vacarla para intentar recomponer su fachada ante la opinión pública.

Sin embargo, esa maniobra no redime responsabilidad alguna: el Congreso ahora deberá responder ante la ciudadanía por sus decisiones. No puede arrojar al Ejecutivo el peso de los errores que fueron fruto de su propia decisión.

Un presidente interino en riesgo de repetir el ciclo

Como era previsible, el Congreso ha reemplazado a Boluarte por José Jerí, presidente interino tras la vacancia. Cadena SER+2El País+2 Su nombramiento ha sido ampliamente cuestionado, en parte porque proviene de una alianza congresal oportunista, y porque su legitimidad es rudimentaria. El País+2Cadena SER+2

Para evitar una nueva vacancia antes del 27 de julio de 2026, es probable que Jerí apueste por replicar la misma lógica de sumisión al Legislativo: concesiones, tolerancia con intereses particulares y poca voluntad de confrontar los grandes desafíos estructurales.

Bajo ese escenario, no es fantasía augurar que la inseguridad, la corrupción y la desigualdad sigan escalando.

El horizonte vertebrado por 20 años de buen gobierno

Los males nacionales —déficits educativos, atraso tecnológico, falta de ciencia e innovación, institucionalidad débil— no se resuelven con medidas ocasionales ni cambios de nombres. Requieren un pacto de largo aliento: una política sostenida en educación, ciencia, tecnología e innovación, con una reorientación presupuestal profunda.

Sin embargo, el presupuesto nacional —y sobre todo su aprobación y modificaciones en el Congreso— sigue favoreciendo a los sectores con mayor poder político y económico. Como advierten desde la Universidad de Piura, el presupuesto inicial sufre transformaciones sustanciales luego de pasar por el Legislativo, con impacto en áreas como educación, salud y seguridad. UDEP Sumado a ello, pese a los discursos oficiales, la inversión en educación para prevenir la violencia en el aula es simbólica: solo 2,24 millones de soles, es decir menos del 0,01 % del presupuesto educativo, para acciones contra acoso y maltrato. El Comercio Perú

En el ámbito superior, el país rompe récord en creación de universidades, pero sin planificación ni capacidad financiera sostenible: una proliferación que amenaza la calidad y la viabilidad institucional. Gestión Además, advierten expertos que el Perú corre el riesgo de un rezago educativo severo si no impulsa reformas estructurales urgentes. IPAE

Aun cuando se aumente presupuesto, sin una transformación institucional —transparencia, meritocracia, evaluación continua, autonomía académica— ese incremento será letra muerta.

Votar con memoria: la urgencia de conocer los antecedentes

La política debe hacerse con memoria y responsabilidad. No basta con promesas ni discursos; la ciudadanía debe escrutar lo que los candidatos han hecho antes: sus votaciones, alianzas, proyectos concretos y comportamiento ético. Solo así se puede esperar un cambio real.

Si la población no asume ese rol activo —no lectura crítica, no exigencia ni seguimiento—, el país seguirá por la pendiente que ya lo coloca al borde del colapso institucional.

Una conclusión sombría, pero con posibilidad

La vacancia de Boluarte no es un triunfo democrático; es apenas una tregua táctica del Congreso. Lejos de recalcar una superioridad ciudadana, revela que los mismos actores optan por regenerarse sin cambiar su esencia.

Si el nuevo gobierno reproduce los vicios del anterior, la crisis continuará. Pero no todo está perdido: hay una ventana para que la sociedad exija, geste y vigile una transición hacia una cultura política nueva. Exige décadas de consistencia, pero en ello radica la única esperanza de que Perú no se hunda en su propia historia.

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