
En la década de 1960, quienes teníamos vocación científica y tecnológica soñábamos con ingresar a la Universidad Nacional de Ingeniería. La UNI era el faro del conocimiento y la innovación en el país.
Sin embargo, a fines de esa década, el gobierno militar prácticamente le declaró la guerra a la universidad pública. Las remuneraciones docentes se redujeron a niveles simbólicos, obligando a los profesores a trabajar en otras instituciones para poder subsistir. La investigación y la calidad académica empezaron a deteriorarse.
En 1983, el presidente Fernando Belaunde promulgó la Ley N.º 23733, que definía como fin principal de la universidad: “conservar, acrecentar y transmitir la cultura universal con un enfoque crítico y creativo, destacando los valores nacionales”.
No obstante, durante el periodo 1985–1990 el abandono estatal se profundizó, y en 1996 la Ley N.º 882 impulsó la creación de universidades-empresa, debilitando la competencia académica y acelerando el deterioro de la calidad educativa.
Más adelante, en 2014, la Ley Universitaria N.º 30220 ratificó la misión universitaria, pero eliminó el “enfoque crítico y creativo”, esenciales para la innovación, reduciendo su misión central a: “preservar, acrecentar y transmitir de modo permanente la herencia científica, tecnológica, cultural y artística de la humanidad”.
En 2017, la implementación de un bono por producción científica incentivó la investigación y la UNI inició un crecimiento sostenido en publicaciones y patentes. Sin embargo, durante la gestión 2021–2024 este impulso se detuvo, y la universidad comenzó a descender en los rankings nacionales e internacionales.
Frente a esta situación, urge relanzar la investigación como la base de una formación universitaria moderna. La investigación no solo genera conocimiento: es la clave para formar profesionales competitivos en el siglo XXI, un tiempo marcado por la confrontación global de productos y servicios tecnológicos que nacen directamente de la investigación.
Por ello, convocamos a toda la comunidad universitaria —docentes, estudiantes e investigadores— a unir esfuerzos para relanzar la investigación y poner en marcha las estrategias más eficaces que devuelvan a la UNI el prestigio y el liderazgo que nunca debió perder, tanto en el país como en la región.
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En la última década, las universidades brasileñas han estado ocupando mayoritariamente los 10 primeros lugares y, entre los tres primeros con universidades chilenas, y en los últimos años han aparecido frecuentemente alguna colombiana, mexicana o argentina.
La PUCP se mantiene en el siguiente escalón, posición 15, universidad peruana mejor posicionada desde hace dos décadas. Luego viene la UNMSM en el lugar 47; Cayetano en 60; UPacífico 92; ULima 101; UPC 117; UNI 129; UNLM 134; USIL 134; UPiura 146. Podemos observar que universidades de relativamente de reciente creación (UPC, USIL y UPiura) han superado en el ranking en solo la década reciente.
Meritoriamente, universidades de países relativamente más pequeños (en territorio y RR.NN.) como Costa Rica, Cuba, Uruguay, Ecuador y, con crisis económica, política y social como Venezuela siempre se han mantenido entre los primeros 50 mejor posicionados.
Respecto a la UNI, que el próximo año cumple 150 años de creación, podemos observar con preocupación, manifestada en publicaciones y conferencias en las dos últimas décadas, que no estamos ni entre las 100 primeras universidades de Latinoamérica y que ha venido rezagándose tanto en el ranking nacional como internacional. Hemos señalado reiteradamente que, el pilar fundamental de la universidad es: el capital (o factor) humano; es decir, los profesores, cada vez más calificados, con la incorporación de nuevos docentes por concurso público de méritos que, en sinergia con los profesores de experiencia que aún tienen producción científico-tecnológica impulsen la I&Di, con la participación de los alumnos (que son reconocidos con premios internacionales, por su competitividad, por la selección más rigurosa de LAC a través del Concurso de Admisión). Y, la realidad observada es que, por el contrario, profesores antiguos que ocupan los cargos directivos en las Facultades han demostrado una aversión a la admisión y también a la promoción de los docentes más jóvenes y más actualizados en las dos últimas décadas.
Irónicamente, los mejores profesores se han ido retirando (por falta de apoyo y por hostigamiento, trabas para sus ascensos de categoría, entre otros) para integrarse a las universidades privadas y públicas; y muchos egresados de la UNI que han regresado con el grado de Doctor en universidades rankeadas en el extranjero no han tenido acogida en su Alma Mater, y han tenido que retornar al extranjero o a laborar en universidades e instituciones privadas y públicas.
La UNI, durante la última mitad de su existencia institucional ha contribuido con sus profesores y egresados a la fundación de universidades, creación de escuelas de ingeniería, y enseñanza en las diferentes especialidades en, prácticamente todas las actuales universidades públicas y privadas existentes y, que continúa.
Expresado lo anterior, reiteramos que, la actual administración a diferencia de las anteriores, todavía tiene la oportunidad de iniciar la reversión de la tendencia de desmejora de prestigio académico y de imagen como institución emblemática de la ingeniería y ciencia de todos los peruanos.
“Hay, hermanos, muchísimo por hacer” y….cambiar.
UNI, 27 de marzo del 2025
Dr. Jaime E. Luyo
En la última década, las universidades …..*
Reposicionar requiere hacer cosas distintas a las que venimos realizando. Con mucho gusto puedo participar en una reunión y exponer mis ideas al respecto.