Ciencia y sociedad: tecnologías dudosas

Cuando los científicos se integran a una iglesia o a una ideología, abandonan su rol de investigadores objetivos. Entonces, cualquier opinión contraria a sus creencias la califican de anticientífica, promoviendo reduccionismos que intentan minimizar el debate social y ético que debe acompañar la aplicación de la ciencia.

En la promoción de las semillas patentadas por grandes corporaciones, se suelen minimizar preocupaciones legítimas sobre la soberanía alimentaria, la protección de la biodiversidad y los impactos económicos de una posible dependencia tecnológica.

La ciencia es una actividad de quienes no dan nada por sentado, de quienes dudan e intentan esclarecer las incertidumbres. Esto exige científicos independientes, alejados de intereses empresariales o de la simple importación comercial de productos.

Es un argumento pobre y ajeno al verdadero espíritu científico afirmar que poner en duda los productos transgénicos equivale a un ataque a la ciencia. La ciencia es, por definición, abierta y autocrítica; demanda investigación realizada por científicos no comprometidos con intereses políticos o comerciales.

La naturaleza es demasiado compleja como para reducir su valoración a una sola de sus manifestaciones, como es el rendimiento, sin preocuparse por el impacto social y ambiental de nuestras acciones.

La desconfianza no es un signo de oscurantismo; es, de hecho, el origen mismo de la ciencia. Esa desconfianza surge por los innumerables abusos que la humanidad ha sufrido: manipulación de productos, captura de instituciones regulatorias por intereses económicos, y ocultamiento de evidencias en nombre del lucro.

Hoy más que nunca necesitamos nuevas generaciones de científicos comprometidos con la verdad de la compleja naturaleza, dispuestos a tratar de comprenderla con humildad. Aún recuerdo el día en que, siendo niño, me vi rodeado de tarántulas bajo la lluvia, entre rayos y truenos, con una neblina espesa que no dejaba ver el camino en una quebrada de mi pueblo. Me puse a llorar, hasta que apareció mi abuelo amauta y me dijo: “Si te pierdes en la naturaleza, aprovecha para conocerla”. Y en la naturaleza se incluye al ser humano, con su curiosidad y su desconfianza.

En estos tiempos de máxima inseguridad, en los que los descubrimientos científicos y sus aplicaciones tecnológicas están siendo usados para la destrucción de la vida, donde incluso asesinan a científicos y los intereses económicos buscan imponerse destruyendo lo que sea, debemos ser modestos. De lo contrario, no podremos llamarnos verdaderos científicos.

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