China y la ciencia en el poder: una lección urgente para América Latina

En tiempos donde la inseguridad, el desempleo y la falta de oportunidades golpean con fuerza a nuestras sociedades, los gobiernos parecen atrapados en un ciclo de reacciones sin estrategia. Sin embargo, al otro lado del mundo, China ha seguido un camino distinto: desde hace décadas, sus decisiones más importantes son tomadas por líderes formados en ciencia, tecnología o ingeniería. ¿Coincidencia? No. Política de Estado.

Desde las reformas de Deng Xiaoping en los años 80 —quien proclamó que “la ciencia y la tecnología son fuerzas productivas primarias”—, China apostó por un modelo tecnocrático. Xi Jinping es ingeniero químico, Hu Jintao fue ingeniero hidráulico, y la mayoría del Comité Permanente del Politburó ha estado conformada por cuadros técnicos. El resultado: una planificación sostenida que ha llevado a China a liderar campos como la inteligencia artificial, el 5G, el transporte de levitación magnética y las misiones espaciales.

Mientras tanto, en nuestros países, muchas decisiones se toman sin datos, sin estrategia, sin ciencia. Se improvisan políticas, se recortan presupuestos en educación, y se culpa a la delincuencia sin atacar las causas estructurales: desempleo, falta de educación, abandono del conocimiento.

No se trata de copiar el autoritarismo, sino de aprender lo esencial: sin ciencia no hay desarrollo. Sin tecnología no hay empleo digno. Sin educación no hay futuro. Un gobierno que ignora esto es como un capitán sin brújula.

La ciencia no es un lujo. Es una necesidad. Es hora de ponerla al timón.

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