La herencia del Amauta: el Mirador de lo Infinito

Llegan los primeros rayos de luz solar. El abuelo José saborea su caldo de papa seca con huevo de perdiz. Sentados en el balcón de la casa patriarcal, con vista al río Moche y las alturas de Otuzco, explica su plan de la jornada. Sembrar papas en la cima del Ragash, el milenario observatorio de la civilización Cuidista, como lo hicieron nuestros antepasados. Luego de chactar coca, guarda su checo de cal, se pone su sombrero, se levanta y despliega su poncho marrón.

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Vamos, hijo.

Caminamos al extremo Este de Salpo, al final de lo que parece un anfiteatro astronómico, en forma de U.

En el camino nos saludaron niños risueños que no cesaban de reirse al vernos con nuestros atuendos de agricultores a quienes les esperaba una dura jornada agrícola.

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Subimos por la empinada loma de Agua Dulce. El saco de papas lo lleva un resistente pollino pardo. Ver el anfiteatro de las alturas inspira respeto y admiración por los que lo diseñaron. Mirando sobre el pueblo, entre el Ragash y la ciudadela Cuidista, se empieza a ver los cielos costeños.

Luego viene la parte plana que forma la parte superior de una suerte de montura geográfica. De allí se observa el anfiteatro de Salpo, la ciudadela Cudista, y al Este, las lejanías de Santiago de Chuco y al Sur, la Cordillera Blanca (La Cordillera Blanca está a 160 km al sur, respecto al Ragash)

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Treinta años más tarde, del otro lado y mucho más cerca de la Cordillera Blanca

Pasando la montura viene el cuello de caballo, empinado, sembrado de piedras, flores e ichu. Ascendemos jadeantes entre estropeadas escaleras de piedras. No paramos hasta llegar a la cima del observatorio del Ragash.

La vista es indescriptible. El mar hacia el Oeste, la Cordillera Blanca al Sur. Innumerables pueblos alrededor. Otuzco aparece al norte, hacia abajo. Todo parece estar abajo. Incluyendo el Huascarán.

Es aparente, hijo. Siendo la Tierra redonda, lo que está lejos se parece estar más bajo de lo que realmente está –aclara el amauta.

Poco a poco sube la neblina. Nos sentimos solos en el mundo. Todo parece estar cubierto por la neblina. El amauta abre los brazos y apunta hacia la costa, como penetrando con la mente ese mar de nubes.

0000000dsc03567Ahí está el submundo, en la oscuridad, donde no llega la luz solar en su plenitud –dice con tono solemne-. Hay gente que escoge hundirse en ese submundo, donde falta claridad para vivir mejor. A donde llegan todos los desechos, incluyendo los ácidos que riegan los mineros para sacar el oro que tanto aprecian.

Es una pena que tendrás que bajar un día –me dice mirándome con tristeza.

Por lo menos regresa de tiempo en tiempo, para mantener tu relación con este observatorio, el Mirador de lo Infinito –añade el amauta.

Lo haré, respondo con firmeza. Ahí nacio la idea de La Caminata por la Ciencia

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