Economía. ¿La ciencia del fracaso? Basado en artículo publicado en «La República» (23/02/1991)

Escribe Modesto Montoya

Los economistas son los personajes más consultados en estos tiempos en los que quedó demostrado el completo fracaso de todos los modelos aplicados a un pueblo que parece haber sido lanzado en una caótica pendiente, en cuyo final se encuentra un mar de epidemias y de hambruna. El caos es tan grande que si la economía fuese una ciencia del mismo tipo que la física – por ejemplo- podría pensarse que todo se hizo a propósito.

Lo increíble es que los economistas criollos siempre analizan el resultado de las políticas económicas de sus colegas, señalando por qué fracasaron. Asimismo, estos científicos ven con claridad que las nuevas medidas fracasarán, salvo que sean ellos sus creadores.

«Estamos aplicando medidas técnicas», dicen cuando éstas condenan a miles de niños a morir por desnutrición o falta de medicamentos, o cuando se deja de invertir en ciencia y tecnología. La economía es una ciencia social, dicen otros, cuando quieren hacer prevalecer sus modelos socio -económicos, aprendidos en su época universitaria y apenas modificados en el proceso de pugnas electorales.

En realidad, la economía es una ciencia con tantas variables que prácticamente es imposible manejarla. En principio, deberíamos tomar un número de variables similar al número de habitantes de la tierra. Más aún, a esas deberían añadirse las que describen las condiciones naturales que rodean al hombre. Menos mal que el número de variables puede reducirse considerablemente, si se toma en cuenta que los hombres viven en colectividades con costumbres culturales propias. Esto permite tomar variables representativas de comportamientos colectivos de agrupaciones humanas o naciones. Aún así, el número de variables sigue elevado. Peor, las variables colectivas suelen no responder a la forma como se les ha modelizado.

Por ejemplo, la guerra del Golfo Pérsico y el cólera son variables que aparecen repentinamente y que no pueden ignorarse. Pero, al mismo tiempo, la epidemia es favorecida por las medidas de austeridad impuestas sobre el pueblo peruano.

Bajo esas consideraciones, los econometristas – versión reducida de los economistas sociólogos- hacen sus corridas computacionales dudando de principio a fin de sus resultados.

Hay otro aspecto que no debemos perder de vista: los llamados técnicos o tecnócratas no deben ser calificados profesionalmente como en cualquier carrera. Un país debe tener en cuenta los objetivos de esos tributarios de las computadoras. Actualmente, parece que las prioridades son acabar con el narcotráfico y la subversión, al mismo tiempo que pagar la deuda. Esto para ver si entramos al “club de países civilizados» para recibir «dinero fresco».

Recordemos al imaginativo último escritor candidato presidencial que nos presentaba las propuestas de Collor de Mello de Brasil, como las únicas eficaces para estrangular la inflación. Según el candidato, Carlos Menem de Argentina fracasó porque quiso matar la inflación tirando a una pierna. Y bien, Collor de Mello, ante los resultados nada halagadores, reniega hoy de sus compromisos de pagar sus deudas y de su modelo antes considerado ideal.

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